La leche materna es un alimento completo, suficiente, ecológico, y que permite ahorros a las familias. Sus beneficios han sido estudiados y comprobados durante décadas. Los niños y niñas que son amamantados tienen un menor riesgo de padecer enfermedades crónicas no transmisibles, obesidad y diferentes enfermedades infecciosas, ya que, al tratarse de una secreción viva que cambia y madura con el tiempo (al igual que el bebé), se adecua a las necesidades del momento y provee de compuestos que no pueden ser recreados en fórmulas lácteas artificiales como las inmunoglobulinas, mismas que fortalecen el sistema inmune de los menores.

Las madres también resultan beneficiadas de esta práctica, pues se ha comprobado que el riesgo de padecer cáncer de mama es menor entre las mujeres que amamantan por más tiempo (en comparación con las mujeres que no han amamantado a sus hijos/as), y desde luego, existe un fuerte factor económico involucrado, pues además del fuerte gasto que representa costear las fórmulas (y la necesidad de que los hogares que las ofrecen cuenten con las condiciones de higiene y acceso al agua limpia para preparar y lavar los biberones), los bebés que son alimentados con estos productos, tienden a presentar con mayor frecuencia e intensidad, cuadros de enfermedad (principalmente relacionados con infecciones de oído, garganta, etc).

 

Estos son algunos beneficios de la alimentación al seno materno, sin embargo, recientemente la UNICEF ha informado que en México, únicamente 2 de cada 10 madres siguen esta práctica de acuerdo con las recomendaciones de la OMS (Lactancia materna exclusiva durante los primeros 6 meses de vida, y complementaria con otros alimentos frescos y naturales hasta que la madre y/o el hijo/a así lo deseen).

 

Contrario a lo que algunos actores aseguran, estas cifras preocupantes de lactancia, no se deben a la falta de interés de las madres, sino a una falta de apoyo de la sociedad en su conjunto.

La lactancia debe ser normalizada, de manera que las/los empleadores en los sitios de trabajo ofrezcan entornos en los que la extracción y almacenamiento de la leche sea posible y las licencias de maternidad sean respetadas e incluso ampliadas de acuerdo con las necesidades de las familias (sería bueno poner sobre la mesa las licencias de paternidad también), la publicidad de fórmulas artificiales, jugos para bebés, papillas y otros alimentos, se regule de manera responsable y congruente con las indicaciones del Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna, y los espacios públicos, sean lugares seguros para amamantar, sin estigmas y sin acoso.

 

Los profesionales de la salud y los Hospitales, tienen en sus manos una gran responsabilidad. Todo profesional que trate con la salud de niños y niñas, (¡especialmente pediatras!) deben estar actualizados/as sobre los beneficios de la lactancia, y tener conciencia de los riesgos y desventajas que implica recomendar el uso de fórmulas. Lamentablemente en nuestro país, la mayoría de las madres refiere que la prescripción de abandonar la lactancia (ya sea gradualmente o de manera abrupta), vino directamente de un profesional de la salud (esto no es sorpresa, pues constantemente se violan las recomendaciones del Código de la OMS, además de que, es frecuente y preocupante que los Congresos Médicos y Pediátricos sean en su mayoría, financiados por marcas como Nestlé, Abbott, Mead Johnson y demás compañías que comercializan estos sustitutos de la Leche Materna).

 

Pero el reto no termina ahí. Cuando hablamos de lactancias felices**, es necesario también hablar del apoyo del círculo más cercano (este puede incluir a la familia – en todas sus formas y diversidades -, los amigos o amigas más cercanas, o la pareja, en caso de que exista una). Es necesario hablar del rol que juegan los padres (pues tradicionalmente, se ha considerado a la lactancia como una responsabilidad exclusiva de las madres), cuando en realidad, el afecto, las palabras de apoyo, y la ejecución de todo tipo de tareas, pueden determinar en gran medida la duración y goce de la lactancia. (Recordemos que un padre/pareja presente, y responsable del cuidado de su bebé, no le hace un “favor” a la madre que amamanta, ¡sino que ejerce su paternidad!)

 

Por último, recordemos que, las madres y las familias, generalmente hacen lo mejor que pueden con lo que tienen. Apoyo completamente la lactancia, estoy convencida de que es el mejor alimento que existe y que al ser mamíferos, esta práctica tiene más beneficios de los que conocemos, sin embargo no apoyo de ninguna manera que las madres que por circunstancias externas o decisión personal suspendieron su lactancia, sean juzgadas.

 

Criticar las decisiones o las circunstancias de las mujeres que optaron por las fórmulas, en un entorno que no provee suficiente apoyo e información, no es la vía para promover y proteger la lactancia materna.

 

**Uso a propósito la palabra FELICES y no “exitosas”, porque ¿cómo definimos el éxito o fracaso de una lactancia ajena?, ¿y quiénes somos para calificar como “no exitosa” o “fracasada” a una lactancia, sin haber vivido el esfuerzo o las dificultades que pudieron haber existido detrás de algo cuantificable como los meses o las semanas?). Creo que una experiencia positiva con la lactancia, puede ser más gratificante y significativa para las madres y las familias que un número de meses.